martes, 23 de noviembre de 2010

Acerca de nuestra increíble capacidad para discriminar - II

Yo sostengo algo que es difícil de demostrar: hay un interés en mantener a masas embrutecidas y mal preparadas como mano de obra barata y es por ello que hasta ahora no hay un proyecto de educación pública para las clases empobrecidas a pesar de que tenemos crecimiento económico
Psicoanalista Jorge Bruce, entrevistado por Paola Ugaz, febrero de 2008
La educación en un mundo de cholos ¿Qué hacer?
Noviembre es el mes de los exámenes de ingreso a los centros educativos primarios, normalmente hay una fase de inscripciones y posteriormente una fase de exámenes para que los pequeños muestren los avances obtenidos en su fase de jardineros, una madre de familia me comentó, que después de inscribir a su hija en el colegio del cual soy ex alumno, solicitó información sobre las fechas de los exámenes, a lo que la señorita secretaría sonrientemente respondió “todavía tenemos que ver si la niña está apta para el examen”, la madre de familia se quedó sorprendida, ¿apta para el examen?, ¿cómo así?, ¿acaso se trata de ver la estatura mínima del postulante, ver si sabe nadar o si tiene arritmia cardiaca?, tal como ocurre en las escuelas para policías o fuerzas armadas, o tal vez - seré exagerado para darle más sazón a esta nota – se trata de averiguar detalles particulares de los postulantes; el abolengo de su apellido; la posición social de sus padres o la economía de su hogar; porque ojo, este aspecto, en ciertas ocasiones prevalece sobre los anteriores, seamos claros: este factor suele ser excluyente.
Me explico, si tienes plata aunque tu linaje no sea el mejor: pasas; si tienes plata, aunque tu nombre y tu foto no salga en sociales porque ni eres conocid@ ni eres bonit@: pasas; si tienes plata, aunque tu familia no ocupe cargos públicos o privados de importancia: pasas, pero te advierto: sigues siendo chol@, aunque es distinto un(a) chol@ con plata que un(a) chol@ misi@.
Pasados los exámenes de rigor, la mamá se informó que los resultados saldrían en 15 días, ¡¡¡ni que fuera la ONPE!!! Pero en fin, no le quedó más que esperar y confiar en una institución que guiará la formación académica de su niña los años siguientes, si es que ingresa, claro.
Seguro que estos últimos supuestos pueden sonar un tanto desatinados, y confío hasta donde es posible, que este no es el caso de mi ex colegio, pero ¿quién puede decir que es descabellado pensar de esta forma en nuestro país? Y la preocupación viene precisamente, por el hecho de que es en las instituciones educativas que se deben reforzar las bases de una educación que ponga por encima de todo al ser humano, aún cuando se pueda percibir cierto romanticismo en ello.
Y decimos reforzar, porque los principales valores deben ser establecidos en el núcleo familiar, los padres debemos reconocernos como parte de un problema que tiene un origen afín a la época colonial, pero lo advierto: no ser discriminatorio es harto complicado.
Para empezar dejemos de decir “hoy día no tengo chola”, cuando la empleada doméstica tenga día libre; no decir “pareces un indio” o “actúas como un indio” a nuestros amigos o hijos; inscribir a nuestros niños con nombres como Tupac, Cahuide, Sumaq, Cori o Cusi, en lugar de Hamilton, Winston (que además son marcas de cigarrillos) o Junior,  esto actualmente lo promueve UNICEF en algunas comunidades rurales con muy poco éxito; eliminemos el “cholo de mierda” de nuestro vocabulario cotidiano, que sólo esta “al nivel” del “cabrón de mierda”; no nos esforcemos en esconder la mancha mongólica que nuestros hijos tuvieron al nacer, y que simplemente representa un origen genético oriental, africano o indígena, pero ¡ojo! que no excluye a los blancos; mantener nuestra forma de hablar, donde estemos y con quien estemos, no hay nada peor que disforzar la linda entonación que le damos al castellano – la del iquiteño y la del tarapotino, son de lejos las mejores - ser provinciano y hacerlo notar en tu forma de hablar no te hace menos que nadie; utilicemos sin vergüenza los vocablos quechuas, por ejemplo: warmi, yana, uma, etc., porque además lo hacemos de forma cotidiana, casi sin darnos cuenta (revisen Ampay Perú, de Rodríguez y Venturo, 2007) de la misma forma que hablamos spanglish. Seguro pensamos que algunos de estos cambios pueden ser posibles y otros no tanto, pues son exagerados y no se equivocan. No es suficiente con sacar los letreritos “se reserva el derecho de admisión” de determinados lugares, debemos sacarlos de nuestra cabeza y esto debería ser colectivo.
Se debe asimilar que no por leer El Comercio, unos son más que los que leen El Popular o aquellos que simplemente no leen, si unos desprecian el futbol o vóley, porque lo de ellos es el polo, golf o el tenis; deportes elitistas que encajan  en su mundo y no en el de los cholos, unicamente muestran que están sumidos en un universo en el que su superioridad solo puede ser vencida por su propio ego, que es en si mismo discriminante y que dice mucho de la formación recibida en su infancia, de los modelos que heredaron y no pudieron erradicar, creando personalidades a imagen y semejanza de Juan Lucas, célebre personaje de una novela de Bryce.
En el colegio, el apodo más hiriente con el que me tildaban era el de “serrano”, por supuesto que no estaba de acuerdo, ¡cholo si era, pero serrano ni cagando!, nótese mi absurda posición adolescente. Han pasado algunos años y afortunadamente mi percepción sobre el tema ha cambiado y seguro que lo mismo ocurrió con mis compañeros del colegio. Sin embargo, de modo general, me parece que ciertos cambios se resisten, el discriminar es uno de ellos, está en nosotros reducirlo. Al fin y al cabo, dependiendo del lugar en el que te encuentres y de una forma u otra, tú también puedes ser catalogado como chol@.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Acerca de nuestra increíble capacidad para discriminar - I

“Para llegar al primer mundo necesitamos un país de ingenieros.
Gastón ha hecho un gran trabajo, pero no podemos ser un país de cocineros”
Luis Carranza, ex ministro de Economía del Perú
                                                    
El ex ministro Luis Carranza, dejó hace unos días la sensación de que en nuestro país, aún cuando un sector  obtenga importantes logros, estos no son suficientes para ser considerados ejemplares, o en todo caso, no se compara a los logros macroeconómicos de sectores como la minería o la industria, lo cual no es ajeno a la verdad. Lo interesante, a raíz de su poco afortunado comentario, es que muestra de forma subrepticia lo que aún somos: un país intolerante y discriminatorio, que se esfuerza de mala manera en vencer prejuicios que han sido afines a su vida colonial y republicana.
Personajes públicos, no hacen sino demostrarnos casi a gritos esta realidad. El presidente del poder judicial afirmó que: “…sólo en un país de maricas se permite que se insulte a la gente sin hacer nada”, si cogemos el tema por el lado de la intolerancia y la homofobia, ¿debemos pensar que para él, marica es sinónimo de cobarde?, por curiosidad, si nos tomamos a pecho lo dicho, tendríamos que preguntarle ¿cuántos países de maricas conoce? En fin, para terminar estas infaustas citas, recordemos la expresión presidencial“...no son ciudadanos de primera clase...”, ¿racista, discriminador?, por supuesto.
Esta actitud no es un caso aislado, las oficinas de creatividad, publicidad y marketing, siempre cometen exabruptos de este tipo, recuerdo dos propagandas a página entera, publicadas a mediados de año en el diario El Comercio. Precisamente el psicoanalista Jorge Bruce[1] analizó una de estas, en la cual se leía lo siguiente “un policía detrás de  una camioneta: te está deteniendo. Detrás de una Pilot Touring: te está escoltando”. La otra era una propaganda de la UPC en dos columnas: en la primera se leía “futuro imperfecto” y sobre esta frase mostraba la imagen de un clásico gorro de albañil hecho de periódico viejo. En la segunda columna se leía “futuro perfecto” y arriba de esas líneas se mostraba la imagen de un birrete. Finalizaban con un contundente “tú decides”. Ambas publicidades contenían tintes discriminatorios, aunque en una primera lectura pasen desapercibidas.
Sobre publicidad, un ejemplo internacional de intolerancia que siempre se me viene a la mente es la que hace unos años difundió la cadena MTV, en ella se veía a un “hombre mosca” en una habitación inmunda, regocijándose junto a un televisor donde se ve el videoclip de la canción “Macarena”, en un determinado momento el hombre mosca observa “algo” que llama su atención por una ventana lateral, quiere llegar a ese algo, pero no puede, pues se lo impide el vidrio de la ventana, lentamente la cámara que muestra la escena, cambia de plano y vemos que ese algo era nada menos que un poster del cantante Cristian Castro, el mensaje era claro: esa música es basura, por lo tanto nosotros no la difundimos.
En el caso de las propagandas locales mencionadas, estas salieron de circulación ante la lluvia de críticas de diversos sectores, pero que quede claro: no fue por iniciativa propia y eso ocurre porque nuestros mejores publicistas (me imagino pitucos a la mayoría)[2] tienen enraizados estos prejuicios, y en su desempeño profesional, estos se expresan de forma natural. Por eso, para corregir tales fallos, alguien de fuera debe notificarlos y volverlos a la realidad.
Similar fue el caso de un abogado invidente en el Cuzco[3], quien fue elegido fiscal, solo porque llevo a juicio su caso, ya que el Consejo Nacional de la Magistratura lo había separado del concurso por ser ciego, sin considerar sus méritos académicos y profesionales. Un ejemplo cercano de este tipo ocurrió en Iquitos, cuando la SUNAT les negó el RUC a ocho personas por ser sordas, problema que se resolvió previa intervención de la Defensoría del Pueblo[4]. Es necesario resaltar que estas rectificaciones no solucionan el problema de fondo, el cual, podríamos decir - olvidando que soy biólogo - está en nuestros genes, en nuestra esencia y claro, en nuestro pensamiento colectivo.
Sin embargo, esta situación no es reciente, es omnipresente y constante. Todos los días y en todas partes hay claros ejemplos de intolerancia y discriminación en diversos aspectos y a toda escala. Me dan la razón los problemas raciales en países como EE. UU., con políticos intransigentes como Jan Brewer y grupos en extremo conservadores como el Tea Party, que no hacen sino recordar – salvando distancias – a otros grupos radicales como los neonazis o cabezas rapadas y el Ku Klux Klan.
Pero no solo existe discriminación a raíz de aspectos socioeconómicos, socioculturales o políticos, la religión excluye sin mayores atenuantes a las mujeres ¿o acaso ya se eligió alguna vez un Papa, obispo o cardenal de sexo femenino?, en el aspecto deportivo, en Europa son frecuentes los insultos segregacionistas a jugadores en los partidos de fútbol, sin ir muy lejos,  J. Soregui, hace un tiempo escribió en su columna del diario La Región, acerca de los calificativos racistas que nuestra gente profiere a jugadores de equipos que se enfrentan a nuestro glorioso CNI.
Precisamente nosotros, los charapas, somos presas y depredadores en cuanto a intolerancia y discriminación, olvidándonos que en nuestro país y en nuestra región “el que no tiene de Inga tiene de Mandinga”.


[1]http://intercambiofilosofico.blogspot.com/2010/06/jorge-bruce-el-poder-de-los-suenos.html
[2] ¿Díganme si el término pitucos en este contexto no suena discriminatorio?
[3] http://discapacidadaccion.blogspot.com/2009/11/sentencia-favorable-favor-del-abogado.html
[4] http://proycontra.com.pe/2010/11/16/sunat-nego-ruc-a-sordos/