martes, 7 de septiembre de 2010

Solidaridad amazónica ¿el fin de un mito?

“Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar…”



C. Vallejo


Hace unas semanas fui testigo presencial de la muerte de un ser humano. Todos lo hemos sido en algún momento, o en todo caso lo seremos, sin embargo, esta muerte me dejó un sinnúmero de interrogantes pues ocurrió en el marco de una actitud que de manera personal me pareció extraña de observar en Amazonía.


Una de las características de los pueblos amazónicos es sin duda la hospitalidad de su gente, la reciprocidad dentro de las actividades cotidianas que vuelven la vida más llevadera y la solidaridad que se pone de manifiesto ante cualquier circunstancia adversa. Esta última característica es precisamente la que en las últimas décadas nos ha diferenciado de otras ciudades o pueblos de nuestro país: es difícil observar robos, violaciones, accidentes o percances similares, sin que al menos un vecino o transeúnte intervenga a favor de la persona afectada, logrando impedir el delito o en todo caso prestando ayuda ante un desafortunado evento.

Richard Pérez Lanci, es el nombre de la persona a la que me refería inicialmente, no poseía documento de identidad, no sabía su edad, era analfabeto – si se puede decir eso, recordemos que nuestro mandatario nos dejó en claro que el analfabetismo en la región se erradicó, según criterios porcentuales de organismos internacionales – y era además un excelente cazador, gran pescador, extraordinario tejedor de hojas de irapay para elaborar crisnejas y colaborador incansable en cuanta minga o mañaneo se organizara en la comunidad Nuevo Yarina del río Curaray.

Precisamente en circunstancias en las cuales retornaba de una minga, al intentar cruzar el río en una canoa, Richard perdió el control de la misma y cayó al río. Lamentablemente hubieron varias circunstancias que apresuraron su muerte: llevaba botas de jebe puestas, estaba ebrio y no era un gran nadador, pero desde mi percepción estos motivos fueron secundarios. El motivo principal de su muerte fue la total indiferencia de gran parte de la población que en esos momentos se encontraban en los diferentes puertos del pueblo.

Mientras un ser humano luchaba por su vida, a sólo 40 metros de distancia más de 20 personas contemplaban “en primera fila” el acontecimiento, sin atinar a tomar las embarcaciones que estaban próximas e ir en su auxilio. Si, sólo falto que después del momento culminante, esa tribuna estallara en aplausos, como si se tratará de un espectáculo digno del morbo más oscuro.

Richard no tenía familiares en ese pueblo, lo cual, desde la percepción de las comunidades amazónicas que he tenido el gusto de conocer, solo compromete más al pueblo en su protección, las familias de una forma u otra acogen a los visitantes, en cierto sentido los “adoptan”. Un plato de comida, un techo, la consideración y afecto familiar, a cambio de colaboración en tareas cotidianas, garantiza plenamente su vida. Sin embargo, en este caso observe conductas y frases que me mostraron otra realidad, la de la indiferencia total ante la muerte, escuche decir: “felizmente no deja esposa e hijos en el pueblo” o “se ha muerto porque ha querido”, entre otras frases que me causaron gran aflicción.

Nuestro país, históricamente se ha caracterizado por los pocos ejemplos de solidaridad ante circunstancias adversas de alcance nacional: los eventos de apoyo a causas justas como la Teletón, no tienen el impacto que si tienen en otros países; el apoyo de las personas e instituciones ante catástrofes como terremotos o huaycos es mínimo; las críticas o contra campañas ante iniciativas de apoyo a casos específicos de personas enfermas, generan más interés que las campañas a favor de ellas, todo lo cual juega en contra nuestra cuando hablamos de un país encaminado hacia el primer mundo.



Por esto, siempre había considerado a mi tierra, la Amazonía, como un lugar distinto, un espacio donde el bienestar del otro, era tan importante como el propio, y veo como esa condición se desvanece parcialmente - ciudades como Pucallpa e incluso Iquitos, son cada vez más peligrosas y apáticas - espero equivocarme y no ser partícipe del inicio del fin de una característica sociocultural que siempre nos ha diferenciado, debe prevalecer la solidaridad frente a la indiferencia. Richard estaría plenamente de acuerdo.

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