En Iquitos circulan numerosas historias de índole sexual, muchas de ellas vienen ganando el estatus de leyendas urbanas contemporáneas, no obstante, existen algunos temas que merecen un poco más de atención y están relacionadas con esa peculiar condición de “paraíso sexual” que en las últimas décadas nos hemos ganado - con razón o sin ella - tanto en el resto del país como en el extranjero.
Dentro de este marco contextual, se dice que en nuestra ciudad existen siniestros personajes ocultos bajo pintorescas fachadas, poseedores de una red de contactos (con catálogo incluido) cuya principal función es la satisfacción plena de las angustias sexuales; se habla de jóvenes “galácticos” armados de ardides sutiles, que sólo buscan captar a bellas damiselas para luego ser vejadas sexualmente (con su autorización) y expuestas al escrutinio público a través de imágenes y filmaciones “colgadas” en el mundo virtual (sin su autorización); se cuenta que en ciertos hoteles donde ovejas descarriadas sucumben ante la lujuria, existen cámaras “sembradas” inmortalizando las ardientes escenas que luego serán digitalizadas en discos compactos y luego comercializados a tres soles la unidad, en las cuatro esquinas de la calle Próspero con Palcazu; se comentan muchas otras situaciones de similar o peor índole, sólo limitadas por nuestra imaginación.
Un fin de semana de hace un par de años, un amigo estaba ocupado en sus asuntos cuando recibió una llamada de un número desconocido, como el código era de Pucallpa, de donde mi amigo es natural, no tuvo ningún reparo en contestar.
- Aló
- Hola hermano, ¿qué tal? Te saluda Ernesto…
- Ernesto, ¿qué Ernesto?
- Ernesto Puja pues, tu “promoción” de primaria…
- Este, pucha amigo, la verdad no sé, de repente te equivocaste…
- No viejo, ayer precisamente conversé con tu mamá acá en tu casa, precisamente ella me dio tu número, lo que pasa es que han pasado más de 25 años y la mente es frágil, pero escúchame un toque; te llamaba porque mañana estoy llegando a Iquitos vía aérea a las cuatro de tarde, voy por motivos laborales y no conozco a nadie, esperaba que tú me pudieras dar la mano…
- Pucha "choche", no sé, ¿a las cuatro dices?, ya pues, te espero en el aeropuerto y salimos de dudas.
- Listo hermano, entonces nos vemos mañana, chau.
Mi “pata”, más por curiosidad que por vocación de servicio, decidió sacrificar su tarde de sábado para recoger al susodicho, - “ojalá no más no sea una pendejada de esas” - pensaba. Al día siguiente, grande fue su sorpresa cuando en la sala de desembarque ubicó a su promoción, - “¡pero si es el cojo Puja!” - se dijo, recordando que a pesar de su condición, Puja había sido uno de los más pendencieros del grupo de chiquillos con los que estudio la primaria.
- ¡Cojito, hermano!, puta madre que no me acordaba ayer, pero ni bien te vi, se me abrió el baúl de los recuerdos…
- Jajaja, al que casi no reconocí es a ti, si estás recontra gordo, en sexto grado eras una piltrafa, dabas pena hasta cuando caminabas.
Luego de los respectivos abrazos, mi amigo trasladó hasta un céntrico hotel a su viejo compañero, pero sólo para dejar sus cosas, ya que el cojo Puja moría por tomarse unos tragos en alguno de los míticos bares de nuestra ciudad, y no quería perder el tiempo pues partía dos días más tarde.
Para no desentonar con el momento, el lugar escogido fue el archiconocido bar “El Refugio”. Las chelas circularon frenéticamente y la charla de fondo estaba centrada en los recuerdos de infancia, el colegio primario y los amigos comunes. Luego de unas horas de andar empinando el codo y con más de una docena de cervezas entre pecho y espalda, el cojo se acercó a mi amigo y le hizo la siguiente confesión:
- Oye promoción, de verdad de verdad, tengo ganas de echarme un polvito, ¿tú crees que podamos conseguir algo por acá?
- Puta promo, de poder se puede, pero mejor hay que seguir chupando…
- Promoción, de verdad, estoy recontra arrecho, si no me das la mano, yo mismo voy a buscar.
- Ni huevón, así como estás, si te dejo sólo, mañana te encuentro en la primera plana de algún periódico, espérame un toque…
Mi amigo se alejó unos metros e hizo unas llamadas por celular, luego se acercó al cojo y le dijo que la solución a su problema estaba en camino. Al cabo de unos minutos, un conocido estilista de la ciudad en aquellos años se acercó a la mesa de los amigos.
- ¿Y flaco, qué se te ofrece?
- A mi nada “flaca”, es para mi pata.
- Ah, está bien, que se te ofrece amigo, te veo coloradito.
- Oye promoción, chistoso eres, cómo me traes esto…
- Promoción, no entiendes, la flaca tiene un arsenal a tu disposición, tú sólo pide, franco.
La flaca intervino rápidamente: “tengo de todo: enfermeras, maestras, anfitrionas, reinas de belleza, policías, de todo…”
- ¡Quiero un policía! – se apresuró a decir el cojo.
- No hay problema “antojerillo”, déjame hacer unas llamadas a ver si mis amigas están o no de turno.
- No, no, dije un policía, ¡un policía!
- Oye, ya te escuché, tengo en mi lista unas policías femeninas bien regias que…
- ¡NO!, yo quiero un policía, ¡UN POLICÍA HOMBRE!
Los dos acompañantes se quedaron sorprendidos - “este huevón, tan borracho está que no sabe ni lo que dice”- pensaba mi amigo - “mejor lo llevo al hotel a que duerma”.
- Cojito, mejor te llevo a tu hotel, y mañana charlamos…
- Promoción, de acá no me muevo hasta que traigan mi pedido…
Dicho esto, el cojo pidió dos “chelas” más y se cruzó de brazos, la flaca anotó: “por mi parte no hay problema, yo soy de todo arreglo, hago una llamada y en 15 minutos máximo, el pedido llega por delivery, con uniforme y todo”, mi pata se encogió de hombros - “a ver qué pasa” - se dijo.
Transcurrido un buen rato y unas chelas de por medio, un flamante PeNePe hizo su aparición, la flaca lo llamó y éste se dirigió a la mesa con paso firme, en las demás mesas se notó cierta preocupación en la gente, pues imaginaban ser testigos de una pequeña batida, no se equivocaban.
Al cojo Puja se le salían los ojos y la baba ante la presencia del uniformado - “¿Qué mierda es esto?” - pensaba mi pata.
- “Bueno, ¿a quién hay que intervenir?” - dijo risueño el PeNePe
- “¿Trajiste tus esposas?” - le preguntó sarcásticamente la flaca.
- “Claro, también el garrote, si es que hay resistencia”, respondió el PeNePe.
Las carcajadas entre ambos no se hicieron esperar. El cojo no aguantó más - “¡por favor promoción, que me espose, que me espose!” - suplicaba. Mi amigo observaba impávido la casi surrealista escena que tenía frente a él - “bueno cojo, tú lo pediste, ojalá esta sea una de tus pendejadas de antaño”- pensó.
De este modo, fue mudo testigo de la intervención policiaca, vio como engrillaban al cojo, como lo subían a un “motokar”, y lo vio perderse por la pista con destino incierto, con el PeNePe al lado. “Bueno flaco, misión cumplida, ¿se te ofrece algo más?” - preguntó el proxeneta con una sonrisa burlona. “Flaca, vete a la mierda, y desaparece antes que te saque la 'chucha', ojalá no más no le pase nada a mi pata” - respondió mi amigo, mientras se dirigía a una mesera pidiendo la cuenta.
Al día siguiente por la tarde, cuando los efectos del trago habían disminuido, mi amigo se apresuró a llamar al hotel para conversar con su promoción, para su sorpresa fue informado que el cojo había partido al aeropuerto temprano, pues viajaba en el primer vuelo. “Puta madre, que raro, mejor llamo a la flaca” - se dijo.
- Hola flaquito, estaba esperando tu llamada.
- Déjate de vainas flaca, ¿Qué pasó con mi pata?
- ¿Cuál, el cojito “antojero”?
- Si pendejo, no te hagas el cojudo.
- Jajaja, por tu pata no te preocupes: ANOCHE LE HAN DADO UNA ZURRA PARA EL RECUERDO, si creo que hasta le han dejado cojo de la otra pierna, ahorita debe estar andando en silla de ruedas, jajaja…
- No, en serio, deja de joder, ¿dónde está ahora?
- Pero en serio pues, así fue, el PeNePe hasta lo dejó en su hotel y el cojo le dijo que hoy volaba a Pucallpa…
- Ya, eso quería saber, chau.
A pesar de que se esforzó en localizarlo, le fue imposible hacerlo. Mi amigo quedo perturbado con todo el asunto, “entonces este pendejo si hablaba en serio, de viejo me hacen de alcahuete, y encima de un marica, y de yapa mi promoción del colegio”. Desde entonces no volvió a tener noticias de su pata el cojo Puja.
Seguro también has sido testigo (o protagonista) de historias similares, sueños prohibidos que esperan pacientemente ser cumplidos, existen para ello ángeles carnales que sólo aguardan una llamada telefónica, una dirección y una misión. Policías estrictos en el cumplimiento de la ley, bomberos expertos en calmar fuegos interiores, pilotos capaces de volar a nuevos firmamentos, doctores que calmen dolores y aflicciones físicas, soldados aguerridos y curtidos en mil combates, hay de todo y para todos. Sólo es cosa de marcar los números correctos y de estar en el paraíso indicado.
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