“…el día en que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo…”
Frase del general dictador, personaje de “El otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez
Dentro de la literatura contemporánea citar al culo es relativamente frecuente, es mucho más común citarlo en anecdotarios, cuentos cortos, blogs, artículos periodísticos, entre otros. Mencionar esta parte de la anatomía es usual en distintos círculos sociales y en diferentes circunstancias, personalmente haré mención de algunos chistes y anécdotas propias y ajenas relacionadas con el tema, y que, nos guste o no, forma parte de nuestro criollo folklore.
El origen de esta nota la encontré en una entrevista brindada por Pedro Escribano al suplemento dominical del diario La República el domingo 13 de diciembre de 2009, a raíz de la publicación de su anecdotario “Rostros de memoria”. Acá va parte de la transcripción de la entrevista y de una anécdota en particular:
“…Arguedas, Martín Adán, Sebastián Salazar Bondy, y en el auto Juan Mejía Baca, repararon que una señora joven y hermosa llevaba puesto un vestido negro, de tubo, y caminaba cimbreándose por la plaza de Chiclayo. Era prima de Juan Mejía. El editor contó que su prima había enviudado por tres veces. La última vez de un aviador.
Seducidos por la figura de la dama, rijosos, le pidieron al amigo librero volver con el auto para observarla otra vez. José María, al verla de nuevo, no contuvo la emoción y comentó:
-¡Qué linda tu primita, Juan!- y luego le pide una vuelta más.
Y otra vez la exclamación…
-¡Linda la viudita, Juan!- repetía sin dejar de alabar el trasero de la joven de luto.
Y una vuelta más y otra más, ¡qué linda la viudita, Juan!
Martín Adán, cansado de escucharlo y cansado también de las vueltas, rompe su silencio y lo desafía:
-Si tanto te gusta la viudita, baja pues, y éntrale.
El escritor lo miró, hosco, casi con pánico.
-Estás cojudo… en ese culo penan”
Seducidos por la figura de la dama, rijosos, le pidieron al amigo librero volver con el auto para observarla otra vez. José María, al verla de nuevo, no contuvo la emoción y comentó:
-¡Qué linda tu primita, Juan!- y luego le pide una vuelta más.
Y otra vez la exclamación…
-¡Linda la viudita, Juan!- repetía sin dejar de alabar el trasero de la joven de luto.
Y una vuelta más y otra más, ¡qué linda la viudita, Juan!
Martín Adán, cansado de escucharlo y cansado también de las vueltas, rompe su silencio y lo desafía:
-Si tanto te gusta la viudita, baja pues, y éntrale.
El escritor lo miró, hosco, casi con pánico.
-Estás cojudo… en ese culo penan”
Muchas anécdotas relacionadas con el tema derivaron en chistes anónimos, uno de los más celebrados en Amazonía peruana dice más o menos así:
Un avispado jovencito se acerca a una vendedora de aguajes para comprar un par de bolsas, y con ganas de joder le pregunta: “señora, ¿y será verdad que el aguaje te hace maricón?”, la señora mirando al joven de la cabeza a los pies le responde: “mira jovencito, yo te estoy vendiendo este aguaje para que comas, no para que metas en tu culo”.
Hace unos meses llegué a una comunidad de la cuenca del río Napo, ordenando mis cosas me di con la sorpresa que había olvidado los rollos de papel higiénico de rigor, casi de inmediato me dispuse a adquirir el bendito papel cuanto antes, efectué un rápido recorrido por el pueblo y observé apesadumbrado que casi todas las bodegas se encontraban desabastecidas, hasta que llegué a la última bodega de la zona, me dirigí al dependiente y le pedí papel higiénico, el señor hizo una breve búsqueda y al ubicar un rollo me dijo: “amigo, acá hay, pero sólo tengo un rollo”, casi de inmediato le dije: “y yo sólo tengo un culo, véndeme el rollo amigazo”.
Entre el año 2003 y el 2006, junto con “el chino” Luciano, solíamos visitar diferentes puestos de comida ambulante para disfrutar de algunos potajes regionales, especialmente en el horario nocturno. Una noche, en uno de los puestos ambulantes de la intersección de la calle Manco Capac y la calle Yavarí, decidimos saborear un caldo de gallina regional, al terminar nuestra cena, el chino Luciano le pidió a la vendedora que le facilitara servilletas, ya que en la mesa no había ningún servilletero, ante el pedido, la señorita sacó de un rincón un flamante rollo de papel higiénico y lo colocó en la mesa, el chino cogió el rollo, sacó lo necesario para limpiarse la jeta y se dirigió a la señorita con estas palabras: “ hija, la próxima pon servilletas en tu mesa ¿ya?, el papel higiénico es para limpiarse el culo, no la boca”.
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