Miércoles 25 de setiembre de 2013
2:20 am: Despierto con cierto sobresalto, desde el segundo piso del camarote observo algo diferente en el ambiente, debido a mi somnolencia, tardo en percibir que el cuarto está inusualmente iluminado. Las luces de emergencia se activaron. La causa: el generador del campamento se apagó. Siento el cuello de mi camiseta ligeramente húmedo, "¿sudor o baba?" me pregunto. Mejor no me respondo. Tardo en dormir.
4:05 am: Vuelvo a despertar, tengo la extraña sensación de joder a todo el mundo con los grotescos ronquidos que estoy seguro emito mientras duermo. Me calma el hecho de descubrir a otro compañero de cuarto roncando, y aunque sus ronquidos no le lleguen a los talones a los míos, me siento reconfortado. Levanto la muñeca mecánicamente para cerciorarme de la hora, es inútil: no uso reloj de pulsera desde hace seis meses. Busco el celular en el bolsillo derecho del pantalón, veo la hora, se que aún dispongo de un buen rato para ahogarme con mis propios ronquidos.
5:00 am: El despertador suena. Cumple una función secundaria, solo me informa la hora que es, porque despierto estoy desde las cuatro. Tengo que levantarme. Me da pereza el hecho de moverme, no por haraganería, sino por no joder a mi compañero que duerme en el piso inferior del camarote. Arrastro el cuerpo sobre el ergonómico colchón Paraiso y no puedo evitar el balanceo del catre y el horroroso crujir del metal del cual está hecho. ¡QUE PUTA! ya es hora de levantarse pendejos dormilones.
5:05 am: Me visto en penumbras, cojo el cepillo, la pasta de dientes y el jaboncillo, remango los botapies del pantalón, para no mojarlos con las dudosas aguas del piso de los baños comunes. Una vez allí, meo tranquilamente. No puedo decir lo mismo de la cepillada, la gente hace ruidos espantosos al cepillarse los dientes; algunos se cepillan 10 minutos, como si tuvieran 250 dientes; otros botan las amigdalas en el lavabo; yo aplico el sistema que me recomendó la odontóloga en el chequeo anual 2011: "de arriba a abajo, de abajo a arriba, no de lado a lado, así te gastas los dientes". El espejo devuelve mi imagen, "cada día más pelado" me digo a mí mismo.
5:15 am: De vuelta al cuarto, mis compañeros siguen durmiendo, ¿Cómo hacen?. Me termino de vestir, echo en falta un par de medias que llevaron a la lavandería y no trajeron de vuelta, ¿o alguno de mis compañeros las cogió?.
5:20 am: Me voy al comedor, ¡yo que en mi casa me quejo del desayuno a las 6:30 de la mañana! Conozco de memoria el menú mañanero: huevos duros, huevos fritos, huevos revueltos, ¿qué se sirve señor? me pregunta el expatriado que sirve la comida, ¿huevo? le respondo. Algo de jugo, un pan (quiero dos pero estoy muy gordo), aceitunas y listo. Me apena pensar en lo que habrá sufrido el nutricionista seleccionando este desayuno, seguro se quemó el cerebro de tanto meditarlo. Termino de comer a duras penas. La mañana apenas comienza.
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