martes, 28 de diciembre de 2010

A propósito de la película “Siempre a tu lado, Hachiko”, una variante iquiteña sobre la fidelidad de los perros


"El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo a él constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo".
Konrad Lorenz
Aunque aún no he visto la película en cuestión, si leí algunas reseñas y críticas, en esencia se trata de la historia de un perro llamado Hachiko, que siempre acompañaba a su amo a la estación del tren y lo esperaba hasta su retorno, incluso luego de la muerte del amo, el perro prosigue con su rutina de espera durante casi 10 años, cabe mencionar que esta película está basada en una historia real. A raíz de ello, recordé una anécdota ocurrida al amigo de un amigo, que además es conocido mío y que muestra desde la cotidianidad loretana la fidelidad de nuestros peludos amigos.
Hace unos años, Rafael L., me relató lo ocurrido al viejo Gilbert. Cuando éste empezó a sentir con mayor fuerza el paso de los años, decidió darle mayor actividad a sus huesos y músculos realizando caminatas y trotes mañaneros por algunas de las calles de nuestro querido Iquitos, en esta actividad no estaba sólo, siempre lo acompañaba la mascota de la familia: un impulsivo y carismático perro de noble raza al que llamaremos Hércules.
Una madrugada en la que Gilbert recorría el boulevard, el perro se entretenía persiguiendo a los papasos que se resistían a la fría mañana, obsesionados aún con las amarillas luces de los faroles. El perro se empecinó en cazar a uno de estos coleópteros sin percatarse de los desniveles en la arquitectura del lugar, en este afán y sin que Gilbert pudiera evitarlo, Hércules se arrojó tras el papaso desde una de las barandas cayendo desde una altura de 10 metros. El amo al socorrer a su querida mascota lo encontró en un estado deplorable: tenía patas y costillas rotas, además de hemorragias externas e internas.
Rápidamente fue trasladado al veterinario de la familia, quien,  debido al delicado estado del can, les dio dos alternativas: sacrificar al animal o intentar salvarlo a través de varias operaciones y tratamientos médicos costosos. Ante esta encrucijada y dado el enorme cariño hacia Hércules, la familia decidió por lo segundo.
Sin embargo, luego de unas semanas y a pesar de que la mascota mostraba una leve mejoría, la familia se enfrentó al dilema presupuestal. Lamentablemente los gastos superaron con creces lo previsto y la familia en medio de la congoja y una tristeza fúnebre, suspendió el tratamiento. Ante la cobardía de sacrificar y ver morir a la mascota que tanto cariño tenían, se decidió trasladar a Hércules hasta la finca de la familia ubicada en la carretera Iquitos – Nauta, con la idea de que de ese modo sufrirían menos cuando les comunicasen el fatal desenlace.
Después de esto, la familia retomó su rutina. Una fresca mañana, varias semanas después de estos hechos y cuando casi se había dado vuelta a la página, Gilbert creyó escuchar unos suaves rasguños en la puerta de su casa, el sonido le era extrañamente familiar ¡sólo podía ser Hércules!, salió apresurado hacia la puerta de la calle y al abrirla ahí estaba él, “¡ES HÉRCULES!” Gritó con la voz rota por el llanto, abrazó a su perro, mientras la familia alborotada llenaba de caricias a la mascota, que aún maltrecha, devolvía los gestos y las palabras de ternura con la efusión de sus mejores tiempos.
Hércules murió ese mismo día. La pena y el llanto inundaron la casa por los cuatro costados, ¡no podía ser! No había explicación posible, Hércules había llegado sólo, sin ningún tipo de guía, había efectuado un recorrido de más de 30 Km con el cuerpo casi destrozado, sólo para llegar con la familia de la cual era parte y morir en la casa en la cual había vivido siempre, mostrando que su fidelidad estaba al margen de cualquier parámetro humano. Decir que el halo de tristeza en el ambiente familiar se mantuvo presente durante muchos meses no es exagerado. Esta historia fue muy emotiva y fue la causa de muchas tertulias allá en la cuadra ocho de la calle Arica que fue donde ocurrió.
Cualquier semejanza con una leyenda urbana es pura coincidencia
Existe cierta semejanza de este relato con una famosa leyenda urbana gringa, una versión de la misma fue contada por Truman Capote a Lawrence Grobel en la década del 70 y es conocida como “El perro del ático”, en ella, en lugar de un coleóptero, es una pelota el objeto por el cual el perro pierde la cabeza y salta desde el ático de un apartamento ubicado en los altos del edificio Dakota en New York, con el obvio desenlace fatal.
Otra semejanza con este relato (y también con la película) corresponde a un poema de Ramón de Campoamor, llamada “El padre, el hijo y el perro”. He aquí el poema:
“Bramaba el viento, agitado,
cuando subían a un cerro
un padre en su hijo apoyado,
y detrás de ambos un perro.

Y con mortal pesadumbre
el viejo desfallecido,
cayó exánime en la cumbre,
entre la nieve aterido.

Y -"marcha" - al joven dijo;
"no encuentres cual yo la muerte"-
-"Pues adiós"- contestó el hijo;
y huyó temiendo igual suerte.

Mas desde un monte cercano,
libre ya de todo empeño,
vio que, más fiel el alano,
quedó a morir con su dueño.
Nótese el final heroico, y el claro mensaje que representa: la fidelidad a toda prueba.
La verdad sobre el suceso ocurrido a Gilbert está fuera de discusión, hubiera sido relativamente fácil ubicarlo en su casa y pedirle detalles acerca de esta historia, pero preferimos no hacerlo pues lo que pretendemos además de graficar una historia similar a la narrada en una película, es mostrar como, con el paso del tiempo y con la peculiar forma de transmitirnos información de boca a boca, muchos sucesos cotidianos suelen transformarse en historias que llegan a la categoría de “demasiado bueno para ser cierto”, parafraseando a Jan Harold Brunvand, autor de numerosos libros relacionados a las leyendas urbanas. Él mismo explica que, de hecho, muchas de estas leyendas nacieron de sucesos reales, como estoy seguro es el caso de la historia de Hércules y claro también de Hachiko.


martes, 23 de noviembre de 2010

Acerca de nuestra increíble capacidad para discriminar - II

Yo sostengo algo que es difícil de demostrar: hay un interés en mantener a masas embrutecidas y mal preparadas como mano de obra barata y es por ello que hasta ahora no hay un proyecto de educación pública para las clases empobrecidas a pesar de que tenemos crecimiento económico
Psicoanalista Jorge Bruce, entrevistado por Paola Ugaz, febrero de 2008
La educación en un mundo de cholos ¿Qué hacer?
Noviembre es el mes de los exámenes de ingreso a los centros educativos primarios, normalmente hay una fase de inscripciones y posteriormente una fase de exámenes para que los pequeños muestren los avances obtenidos en su fase de jardineros, una madre de familia me comentó, que después de inscribir a su hija en el colegio del cual soy ex alumno, solicitó información sobre las fechas de los exámenes, a lo que la señorita secretaría sonrientemente respondió “todavía tenemos que ver si la niña está apta para el examen”, la madre de familia se quedó sorprendida, ¿apta para el examen?, ¿cómo así?, ¿acaso se trata de ver la estatura mínima del postulante, ver si sabe nadar o si tiene arritmia cardiaca?, tal como ocurre en las escuelas para policías o fuerzas armadas, o tal vez - seré exagerado para darle más sazón a esta nota – se trata de averiguar detalles particulares de los postulantes; el abolengo de su apellido; la posición social de sus padres o la economía de su hogar; porque ojo, este aspecto, en ciertas ocasiones prevalece sobre los anteriores, seamos claros: este factor suele ser excluyente.
Me explico, si tienes plata aunque tu linaje no sea el mejor: pasas; si tienes plata, aunque tu nombre y tu foto no salga en sociales porque ni eres conocid@ ni eres bonit@: pasas; si tienes plata, aunque tu familia no ocupe cargos públicos o privados de importancia: pasas, pero te advierto: sigues siendo chol@, aunque es distinto un(a) chol@ con plata que un(a) chol@ misi@.
Pasados los exámenes de rigor, la mamá se informó que los resultados saldrían en 15 días, ¡¡¡ni que fuera la ONPE!!! Pero en fin, no le quedó más que esperar y confiar en una institución que guiará la formación académica de su niña los años siguientes, si es que ingresa, claro.
Seguro que estos últimos supuestos pueden sonar un tanto desatinados, y confío hasta donde es posible, que este no es el caso de mi ex colegio, pero ¿quién puede decir que es descabellado pensar de esta forma en nuestro país? Y la preocupación viene precisamente, por el hecho de que es en las instituciones educativas que se deben reforzar las bases de una educación que ponga por encima de todo al ser humano, aún cuando se pueda percibir cierto romanticismo en ello.
Y decimos reforzar, porque los principales valores deben ser establecidos en el núcleo familiar, los padres debemos reconocernos como parte de un problema que tiene un origen afín a la época colonial, pero lo advierto: no ser discriminatorio es harto complicado.
Para empezar dejemos de decir “hoy día no tengo chola”, cuando la empleada doméstica tenga día libre; no decir “pareces un indio” o “actúas como un indio” a nuestros amigos o hijos; inscribir a nuestros niños con nombres como Tupac, Cahuide, Sumaq, Cori o Cusi, en lugar de Hamilton, Winston (que además son marcas de cigarrillos) o Junior,  esto actualmente lo promueve UNICEF en algunas comunidades rurales con muy poco éxito; eliminemos el “cholo de mierda” de nuestro vocabulario cotidiano, que sólo esta “al nivel” del “cabrón de mierda”; no nos esforcemos en esconder la mancha mongólica que nuestros hijos tuvieron al nacer, y que simplemente representa un origen genético oriental, africano o indígena, pero ¡ojo! que no excluye a los blancos; mantener nuestra forma de hablar, donde estemos y con quien estemos, no hay nada peor que disforzar la linda entonación que le damos al castellano – la del iquiteño y la del tarapotino, son de lejos las mejores - ser provinciano y hacerlo notar en tu forma de hablar no te hace menos que nadie; utilicemos sin vergüenza los vocablos quechuas, por ejemplo: warmi, yana, uma, etc., porque además lo hacemos de forma cotidiana, casi sin darnos cuenta (revisen Ampay Perú, de Rodríguez y Venturo, 2007) de la misma forma que hablamos spanglish. Seguro pensamos que algunos de estos cambios pueden ser posibles y otros no tanto, pues son exagerados y no se equivocan. No es suficiente con sacar los letreritos “se reserva el derecho de admisión” de determinados lugares, debemos sacarlos de nuestra cabeza y esto debería ser colectivo.
Se debe asimilar que no por leer El Comercio, unos son más que los que leen El Popular o aquellos que simplemente no leen, si unos desprecian el futbol o vóley, porque lo de ellos es el polo, golf o el tenis; deportes elitistas que encajan  en su mundo y no en el de los cholos, unicamente muestran que están sumidos en un universo en el que su superioridad solo puede ser vencida por su propio ego, que es en si mismo discriminante y que dice mucho de la formación recibida en su infancia, de los modelos que heredaron y no pudieron erradicar, creando personalidades a imagen y semejanza de Juan Lucas, célebre personaje de una novela de Bryce.
En el colegio, el apodo más hiriente con el que me tildaban era el de “serrano”, por supuesto que no estaba de acuerdo, ¡cholo si era, pero serrano ni cagando!, nótese mi absurda posición adolescente. Han pasado algunos años y afortunadamente mi percepción sobre el tema ha cambiado y seguro que lo mismo ocurrió con mis compañeros del colegio. Sin embargo, de modo general, me parece que ciertos cambios se resisten, el discriminar es uno de ellos, está en nosotros reducirlo. Al fin y al cabo, dependiendo del lugar en el que te encuentres y de una forma u otra, tú también puedes ser catalogado como chol@.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Acerca de nuestra increíble capacidad para discriminar - I

“Para llegar al primer mundo necesitamos un país de ingenieros.
Gastón ha hecho un gran trabajo, pero no podemos ser un país de cocineros”
Luis Carranza, ex ministro de Economía del Perú
                                                    
El ex ministro Luis Carranza, dejó hace unos días la sensación de que en nuestro país, aún cuando un sector  obtenga importantes logros, estos no son suficientes para ser considerados ejemplares, o en todo caso, no se compara a los logros macroeconómicos de sectores como la minería o la industria, lo cual no es ajeno a la verdad. Lo interesante, a raíz de su poco afortunado comentario, es que muestra de forma subrepticia lo que aún somos: un país intolerante y discriminatorio, que se esfuerza de mala manera en vencer prejuicios que han sido afines a su vida colonial y republicana.
Personajes públicos, no hacen sino demostrarnos casi a gritos esta realidad. El presidente del poder judicial afirmó que: “…sólo en un país de maricas se permite que se insulte a la gente sin hacer nada”, si cogemos el tema por el lado de la intolerancia y la homofobia, ¿debemos pensar que para él, marica es sinónimo de cobarde?, por curiosidad, si nos tomamos a pecho lo dicho, tendríamos que preguntarle ¿cuántos países de maricas conoce? En fin, para terminar estas infaustas citas, recordemos la expresión presidencial“...no son ciudadanos de primera clase...”, ¿racista, discriminador?, por supuesto.
Esta actitud no es un caso aislado, las oficinas de creatividad, publicidad y marketing, siempre cometen exabruptos de este tipo, recuerdo dos propagandas a página entera, publicadas a mediados de año en el diario El Comercio. Precisamente el psicoanalista Jorge Bruce[1] analizó una de estas, en la cual se leía lo siguiente “un policía detrás de  una camioneta: te está deteniendo. Detrás de una Pilot Touring: te está escoltando”. La otra era una propaganda de la UPC en dos columnas: en la primera se leía “futuro imperfecto” y sobre esta frase mostraba la imagen de un clásico gorro de albañil hecho de periódico viejo. En la segunda columna se leía “futuro perfecto” y arriba de esas líneas se mostraba la imagen de un birrete. Finalizaban con un contundente “tú decides”. Ambas publicidades contenían tintes discriminatorios, aunque en una primera lectura pasen desapercibidas.
Sobre publicidad, un ejemplo internacional de intolerancia que siempre se me viene a la mente es la que hace unos años difundió la cadena MTV, en ella se veía a un “hombre mosca” en una habitación inmunda, regocijándose junto a un televisor donde se ve el videoclip de la canción “Macarena”, en un determinado momento el hombre mosca observa “algo” que llama su atención por una ventana lateral, quiere llegar a ese algo, pero no puede, pues se lo impide el vidrio de la ventana, lentamente la cámara que muestra la escena, cambia de plano y vemos que ese algo era nada menos que un poster del cantante Cristian Castro, el mensaje era claro: esa música es basura, por lo tanto nosotros no la difundimos.
En el caso de las propagandas locales mencionadas, estas salieron de circulación ante la lluvia de críticas de diversos sectores, pero que quede claro: no fue por iniciativa propia y eso ocurre porque nuestros mejores publicistas (me imagino pitucos a la mayoría)[2] tienen enraizados estos prejuicios, y en su desempeño profesional, estos se expresan de forma natural. Por eso, para corregir tales fallos, alguien de fuera debe notificarlos y volverlos a la realidad.
Similar fue el caso de un abogado invidente en el Cuzco[3], quien fue elegido fiscal, solo porque llevo a juicio su caso, ya que el Consejo Nacional de la Magistratura lo había separado del concurso por ser ciego, sin considerar sus méritos académicos y profesionales. Un ejemplo cercano de este tipo ocurrió en Iquitos, cuando la SUNAT les negó el RUC a ocho personas por ser sordas, problema que se resolvió previa intervención de la Defensoría del Pueblo[4]. Es necesario resaltar que estas rectificaciones no solucionan el problema de fondo, el cual, podríamos decir - olvidando que soy biólogo - está en nuestros genes, en nuestra esencia y claro, en nuestro pensamiento colectivo.
Sin embargo, esta situación no es reciente, es omnipresente y constante. Todos los días y en todas partes hay claros ejemplos de intolerancia y discriminación en diversos aspectos y a toda escala. Me dan la razón los problemas raciales en países como EE. UU., con políticos intransigentes como Jan Brewer y grupos en extremo conservadores como el Tea Party, que no hacen sino recordar – salvando distancias – a otros grupos radicales como los neonazis o cabezas rapadas y el Ku Klux Klan.
Pero no solo existe discriminación a raíz de aspectos socioeconómicos, socioculturales o políticos, la religión excluye sin mayores atenuantes a las mujeres ¿o acaso ya se eligió alguna vez un Papa, obispo o cardenal de sexo femenino?, en el aspecto deportivo, en Europa son frecuentes los insultos segregacionistas a jugadores en los partidos de fútbol, sin ir muy lejos,  J. Soregui, hace un tiempo escribió en su columna del diario La Región, acerca de los calificativos racistas que nuestra gente profiere a jugadores de equipos que se enfrentan a nuestro glorioso CNI.
Precisamente nosotros, los charapas, somos presas y depredadores en cuanto a intolerancia y discriminación, olvidándonos que en nuestro país y en nuestra región “el que no tiene de Inga tiene de Mandinga”.


[1]http://intercambiofilosofico.blogspot.com/2010/06/jorge-bruce-el-poder-de-los-suenos.html
[2] ¿Díganme si el término pitucos en este contexto no suena discriminatorio?
[3] http://discapacidadaccion.blogspot.com/2009/11/sentencia-favorable-favor-del-abogado.html
[4] http://proycontra.com.pe/2010/11/16/sunat-nego-ruc-a-sordos/


viernes, 15 de octubre de 2010

POPULISMO Y SABIDURÍA AMAZÓNICA - NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN TECHO

“Produjo, pues, la tierra hierba verde,
hierba que da semilla según su naturaleza,
y árbol que da fruto, cuya semilla está en él,
según su especie. Y vio Dios que era bueno”

Libro de Génesis, capítulo I, versículo 12.

Hace unas pocas semanas, leí una nota en un periódico de circulación regional, en la que se hablaba sobre un futuro programa a ejecutarse a gran escala - en la nota mencionaban que en algunas zonas estaban ejecutando el trabajo a pequeña escala - por una de las agrupaciones políticas líderes en las encuestas, obviamente, si su candidato a presidente regional era el elegido. Digamos que el nombre de este programa era “Techo decente” (se cambió ligeramente el adjetivo para que nadie se indigne), siendo la idea fundamental, propiciar el cambio de las tradicionales crisnejas confeccionadas a partir de hojas y tallos de palmeras como la pona y el irapay, que constituyen elemento importante de casi todas las viviendas de las comunidades rurales y de los pueblos jóvenes, por planchas de zinc o calaminas.
Dejemos de lado momentáneamente el asunto de si lo uno es mejor que lo otro, para analizar en detalle el nombre del programa, nos preguntamos: ¿un techo que no sea de zinc es más decente que otro?, puede que se trate sólo de un juego de palabras, que lo importante no es si suena peyorativo o no la palabra “decente”, sin embargo, considero interesante analizar el tema tomando como punto de apoyo una anécdota ocurrida a un amigo y compañero de trabajo, hace algunos años atrás:
Ysaac P., extensionista rural de gran experiencia en Amazonía, como parte de su trabajo en una cuenca importante en nuestra región, tenía que levantar información socio económica de la zona para poder sentar las bases de su trabajo, para ello contaba con una serie de preguntas, tipo encuesta, una de ellas decía: ¿de qué material está construida su vivienda?, con las respectivas alternativas: a) material noble b) madera, entre otros. Preguntas que realizaba como una forma de entablar conversación y relacionarse de forma inicial con los comuneros.
El trabajo se desarrollaba sin mayores contratiempos, hasta que en una de estas comunidades llegó a la casa de un poblador que era a su vez el pastor del pueblo. Nuestro amigo se presentó, explicó el motivo de su presencia y una vez bienvenido, se acomodó en el emponado bajo un fresco techo de shapaja para proceder con la encuesta. A la pregunta relacionada con el material con la que estaba construida su vivienda, el pastor respondió sin titubear: MATERIAL NOBLE.
Ysaac insistió con la pregunta, intentando explicar además, que material noble no era ni la pona del piso, ni las tablas de las paredes, ni los caibros y crisnejas del techo, sino ladrillos, cemento y calamina. El pastor escuchó toda la cháchara sin mover un solo músculo, totalmente impasible; una vez que Ysaac terminó su explicación, le respondió más o menos lo siguiente: “hijo, cuando tú me preguntas de que material es mi casa y me dices que si es de material noble, pues yo tengo que decir que sí es noble, porque cada parte de mi casa fue construida utilizando los recursos que están en la naturaleza y si lo que te de da Dios a través de ella no es noble, entonces ¿qué lo es?”
El buen Ysaac, ante la contundente respuesta del pastor, no pudo más que darle la razón, y sin más, dejó de lado la encuesta para saborear unos deliciosos caimitos que gentilmente le ofrecía una de las nietas del buen hombre.
Por otro lado, a pesar de las buenas intenciones de muchos políticos (si es que las tienen), su falta de conocimiento sobre el verdadero valor de nuestros recursos y sobre la problemática de los pueblos amazónicos, se evidencia en aspectos tan simples como el que acabo de mencionar, pretender solucionar problemas que quizás no existen (por lo menos no en la proporción que lo muestran), es una forma populista de ganar votos, ofreciendo programas de mejoramiento de vivienda - una mala costumbre en los municipios distritales y provinciales de toda la región -, cuando en lo que deberían insistir es, por ejemplo, en mejorar los canales de comercialización de productos como las crisnejas, orientar la extracción bajo manejo o evitar su sub valorización por parte de intermediarios oportunistas, que desde hace más de cinco décadas actúan impunemente en los alrededores de Iquitos.


Cito textualmente una frase de un interesante trabajo sobre el tejido de hojas de palmera realizado en nuestra región y publicado por el Proyecto Araucaria Amazonas Nauta/Iquitos el año 2005: “El clima tropical de la región amazónica y la disponibilidad del recurso condicionó el tipo de infraestructura adoptado por muchos de los pueblos indígenas que habitaban en esta zona. Las temperaturas altas, unidas a la rápida accesibilidad al material, determinaron un tipo de infraestructura poco elaborada y sencilla, adaptada a las condiciones climáticas y geográficas locales”, entonces, podemos afirmar que los sabios pobladores de está región, no utilizaron estos materiales por puro capricho, sino como una adaptación a las condiciones propias de la zona, su uso es pues además de inteligente, decente, digno, noble.
Experiencias positivas que revalorizan un recurso tan importante para nuestras comunidades como las palmeras amazónicas pueden verse en trabajos realizados por instituciones como AECI, el IIAP a través de proyectos como el Nanay, Nanay – Pucacuro, BIODAMAZ I y II, el proyecto apoyo al PROCREL, CEDIA y otras entidades, trabajos técnicos que deberían ser material consultivo de asesores y técnicos de las diferentes bancadas políticas a fin de establecer planteamientos reales de desarrollo de nuestros pueblos en lugar de constituir programas asistencialistas que son desafortunados empezando por el nombre.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El cine en Iquitos, definitivamente no es el de antes

“Todo tiempo pasado fue mejor, aunque no lo fuera”



Suplemento cultural del diario El Peruano, década del 90, título del artículo de un autor cuyo nombre no recuerdo.



Esta semana de descanso en Iquitos, asistí junto a mi esposa al estreno de una película de esas romanticonas (y en este caso: aburridísima), con la actuación de la “sesuda” JLo; lo suyo aparentemente va más por el lado de la música y el baile, en actuación su aporte es muy pobre.

Lo interesante se dio en media proyección cinematográfica, ya que todos los espectadores fuimos testigos del instante en que una de las divas de este nuevo mundo globalizado y digital con sonido estéreo incluido (nos referimos a JLo), se quedaba sin voz, en repetidas ocasiones y por largos minutos. Los reclamos que se escucharon en la sala pidiendo la reposición del audio eran educados, en cierto sentido, diría que hasta tímidos. Algunos silbidos corteses adornaron las quejas a la tercera o cuarta vez de ocurrir el mismo problema, fue en esos momentos que evoqué la reacción del público en este mismo Iquitos, ante una circunstancia similar, 20 o 25 años atrás, cuando las películas se “estrenaban” seis meses o un año después de su estreno oficial en USA o Europa, en los cines Iquitos, Bolognesi, Belén, Atlántida o Excélsior.

La reacción inmediata en aquellos tiempos hubiera estado dominada por gritos, silbatinas generalizadas; insultos al proyector de turno; al administrador; al maldito dueño del cine ¿?; a la señora mala gracia que te vendía el ticket; al tipo que estaba dos filas delante tuyo con su flaca; al compañero de al lado, es decir, un verdadero chongo. Los adolecentes y no tan adolecentes de esos años, parecíamos esperar la llegada de una falla en la proyección, por más mínima que fuera, para iniciar el ruido. La idea era lanzar el insulto más soez, el grito más desatinado o el silbido más estridente, por otro lado, existían algunos riesgos: con un poco de mala suerte podías recibir un escupitajo de campeonato proveniente del balcón, si es que te habías sentado en la platea a una distancia que te hacía un blanco fácil para ello.

Pero eso no le ocurría a nuestra mancha, la razón: mi siempre precavida madre, cuando era un crío de cinco o seis años, me advertía: “hijito, nunca te sientes debajo del balcón, la gente de mierda que está arriba, siempre arroja fósforos encendidos, cigarros encendidos, palos de chupete y de vez en cuando un buen pollo (escupitajo), así que cuidado”, bueno, no lo decía exactamente así, pero entiendan que era un crío, no recuerdo con fidelidad sus palabras.

Eran otros tiempos, no digo que mejores, sólo que eran diferentes. Bastaba que la gente empezara a ingresar para que también empezara a fumar. Los chicles, cigarrillos, caramelos y chupetes se vendían dentro del mismo cine, y, otro dato: no te quitaban lo que te comprabas fuera, podías llevar hasta tu ¼ de pollo, y comerlo a vista y paciencia del respetable público. La iluminación era distinta, mejor dicho no había iluminación: durante la previa a la función, la luz era tenue, pero la oscuridad era total justo antes de la presentación de los comerciales de Inca Kola, 7up, o Ducal. Este era el momento indicado para aquellos que habían ido al cine solo bajo el pretexto de estar con la enamorada, lejos de la vista de los curiosos, para de este modo dar rienda suelta al chape y al toqueteo, importándoles un pepino si en la pantalla de tela se proyectaba Parchis, Locademia de Policía o Pesadilla en la Calle del Infierno. La película de turno no era con ellos, menos con sus afanes.

Un día de buen estreno para la época, presentando Cobra, Terminator o Tiburón, representaba el ingreso de más de 500 personas a la sala, además de la platea y mezzanine, la gente se acomodaba donde podía: en los pasadizos, justo detrás de la cortina de ingreso a las salas, frente al estrado del cine o unos sobre otros en los asientos, total, la cosa era ver la película y punto. Hoy en día, en las minisalas, uno siente que está viendo la película en su casa y a media luz, los tiempos cambian.

No es un recuerdo grato, pero es recuerdo al fin y al cabo. En esa época ir a una función de estreno era un riesgo para los olfatos más delicados, pues no faltaba uno que otro desadaptado que escogía justo la escena del beso romántico del joven (de la película) a su damisela, para advertir a toda la audiencia, el indecoro de sus flatulencias.

Uno se pregunta ¿Dónde quedaron esas personas con las cuales compartimos esa época?, ¿asisten al cine actualmente?, gente de 30 años para arriba, personas que sin conocerse compartían el mismo deseo de diversión que nos motivaba a ir al cine, juntos sonreímos, nos carcajeamos, lloramos y aplaudíamos, si, ¡aplaudíamos juntos el final de las películas más emotivas!, gritábamos arengando a Rocky cuando pelaba con Drago en el ocaso de la guerra fría; insultábamos a los malos; silbábamos a las bellas actrices, gritábamos sandeces ante una escena de sexo, si es que lograbas colarte a una película apta para mayores de 18 años, lo que, valgan verdades, no era muy complicado.




En fin, claro que estoy de acuerdo con que no se fume en los cines ni en otros ambientes públicos, lo de las flatulencias ni hablar, no es necesario insultar o gritar para reclamar, tienes que hacer tu cola para comprar tu canchita y tu bebida, pero aún así, no pude evitar remontarme al pasado aquella noche al contemplar esa mala película, y también el día de hoy cuando pase junto al cine Bolognesi y contemplé por unos segundos su demolición ¿uántas veces vi pelear a Jackie Chan en ese cine?, ¿no es el mismo cine donde con la patota veíamos la forma de colarnos a alguna función por falta de plata?, ¿y el cine Belén?, ¿acaso en aquellos años no veíamos la forma de ingresar a sus funciones para satisfacer nuestro onanista morbo? Me refiero a la época de decadencia de ese cine, pues también tuvo sus buenos tiempos, aún recuerdo a un Shicshi de finales de los años 80, haciendo una propaganda radial en la cual anunciaba dos grandes estrenos: “12 Evas para un Adán” y “La guerra de los huevos”, el pobre Shicshi distorsionaba su potente voz al hacer estos anuncios.

Sin duda alguna, la nostalgia nos trajo a la mente muchos pasajes particulares de cómo se vivía el cine en esa época, la atmósfera sui generis que se percibía en el ambiente, algunos aspectos de la vida en nuestra ciudad en aquel entonces. Un Iquitos y un periodo en el cual llegamos a disfrutar de hasta cinco salas cinematográficas, donde lo bueno, créanme, no necesariamente se veía en la pantalla de tela, lo bueno estaba en la reacción de la gente, ese era el verdadero disfrute, el clímax del cinéfilo loretano de la época.

martes, 7 de septiembre de 2010

Solidaridad amazónica ¿el fin de un mito?

“Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar…”



C. Vallejo


Hace unas semanas fui testigo presencial de la muerte de un ser humano. Todos lo hemos sido en algún momento, o en todo caso lo seremos, sin embargo, esta muerte me dejó un sinnúmero de interrogantes pues ocurrió en el marco de una actitud que de manera personal me pareció extraña de observar en Amazonía.


Una de las características de los pueblos amazónicos es sin duda la hospitalidad de su gente, la reciprocidad dentro de las actividades cotidianas que vuelven la vida más llevadera y la solidaridad que se pone de manifiesto ante cualquier circunstancia adversa. Esta última característica es precisamente la que en las últimas décadas nos ha diferenciado de otras ciudades o pueblos de nuestro país: es difícil observar robos, violaciones, accidentes o percances similares, sin que al menos un vecino o transeúnte intervenga a favor de la persona afectada, logrando impedir el delito o en todo caso prestando ayuda ante un desafortunado evento.

Richard Pérez Lanci, es el nombre de la persona a la que me refería inicialmente, no poseía documento de identidad, no sabía su edad, era analfabeto – si se puede decir eso, recordemos que nuestro mandatario nos dejó en claro que el analfabetismo en la región se erradicó, según criterios porcentuales de organismos internacionales – y era además un excelente cazador, gran pescador, extraordinario tejedor de hojas de irapay para elaborar crisnejas y colaborador incansable en cuanta minga o mañaneo se organizara en la comunidad Nuevo Yarina del río Curaray.

Precisamente en circunstancias en las cuales retornaba de una minga, al intentar cruzar el río en una canoa, Richard perdió el control de la misma y cayó al río. Lamentablemente hubieron varias circunstancias que apresuraron su muerte: llevaba botas de jebe puestas, estaba ebrio y no era un gran nadador, pero desde mi percepción estos motivos fueron secundarios. El motivo principal de su muerte fue la total indiferencia de gran parte de la población que en esos momentos se encontraban en los diferentes puertos del pueblo.

Mientras un ser humano luchaba por su vida, a sólo 40 metros de distancia más de 20 personas contemplaban “en primera fila” el acontecimiento, sin atinar a tomar las embarcaciones que estaban próximas e ir en su auxilio. Si, sólo falto que después del momento culminante, esa tribuna estallara en aplausos, como si se tratará de un espectáculo digno del morbo más oscuro.

Richard no tenía familiares en ese pueblo, lo cual, desde la percepción de las comunidades amazónicas que he tenido el gusto de conocer, solo compromete más al pueblo en su protección, las familias de una forma u otra acogen a los visitantes, en cierto sentido los “adoptan”. Un plato de comida, un techo, la consideración y afecto familiar, a cambio de colaboración en tareas cotidianas, garantiza plenamente su vida. Sin embargo, en este caso observe conductas y frases que me mostraron otra realidad, la de la indiferencia total ante la muerte, escuche decir: “felizmente no deja esposa e hijos en el pueblo” o “se ha muerto porque ha querido”, entre otras frases que me causaron gran aflicción.

Nuestro país, históricamente se ha caracterizado por los pocos ejemplos de solidaridad ante circunstancias adversas de alcance nacional: los eventos de apoyo a causas justas como la Teletón, no tienen el impacto que si tienen en otros países; el apoyo de las personas e instituciones ante catástrofes como terremotos o huaycos es mínimo; las críticas o contra campañas ante iniciativas de apoyo a casos específicos de personas enfermas, generan más interés que las campañas a favor de ellas, todo lo cual juega en contra nuestra cuando hablamos de un país encaminado hacia el primer mundo.



Por esto, siempre había considerado a mi tierra, la Amazonía, como un lugar distinto, un espacio donde el bienestar del otro, era tan importante como el propio, y veo como esa condición se desvanece parcialmente - ciudades como Pucallpa e incluso Iquitos, son cada vez más peligrosas y apáticas - espero equivocarme y no ser partícipe del inicio del fin de una característica sociocultural que siempre nos ha diferenciado, debe prevalecer la solidaridad frente a la indiferencia. Richard estaría plenamente de acuerdo.

Anécdotas amazónicas ¿qué es esto?

Hola, la idea fundamental de este blog es comentar una serie de sucesos imaginarios o reales - o una mezcla de ellos - casi estrictamente relacionados con la Amazonía peruana, o mejor aún, con los personajes de esta tierra linda.

Abner Araujo